El jardín trasero


Despertó sintiendo que le faltaba el aire, estiró el brazo al otro lado de la cama y la encontró vacía, poco a poco empezó a sumergirse en la realidad.

Observó el reloj marcando las cuatro menos diez, siempre la misma hora, la misma sofocación, acomodó la almohada e intentó dormir, aún era verano y sentía fría la cama, la palpó con su mano izquierda ... demasiado grande.

Durante la mañana se esforzó en recordar el sueño que en las madrugadas la dejaba inquieta, pero siempre era lo mismo, imágenes borrosas que no arrojaban nada concreto, intentó hacerse a la rutina, la cama le quedó desprolija, los trastos amontonados, el piso mojado y un resbalón con el que casi pierde el equilibrio, en ese momento dijo ¡Basta!. Decidida a no hacer nada se dirigió a su cama y dormitó un poco.

Entrada la tarde se ofreció un baño relajante, las horas pasaban con una tranquilidad pasmosa, se puso aquel vestido negro con escote en v que a él tanto le gustaba, llevaba unas zapatillas bajas, las observó con cierto desencanto, el paso de los años la había obligado a andar más cómoda, hilos de plata hacían más rebelde su melena, su rostro no era el mismo, poco a poco las arrugas lo iban poblando. Tomó el auto y se dispuso a no regresar hasta entender qué le estaba sucediendo.

A las ocho y treinta estacionó en una calzada iluminada, cruzó la calle, una cuadra más adelante se encontraba frente a la fachada gastada de la cafetería. Al entrar, el olor a clavo y canela le preció familiar, siempre le gustó ese piso de madera rústico, las paredes esmaltadas y al fondo, la vieja pared de ladrillos cubierta con innumerables fotos, arriba en la parte central estaba ella abrazada a Juan.

El aroma a recuerdos perfumaba aquel lugar detenido en el tiempo, se sentó en dirección al jardín trasero de la cafetería, pidió al mesero tan avejentado como ella sus acostumbrados panecillos de queso y tomillo y un vino dulce, todo se veía como antes. Decidió pasear en el jardín, era extraño, por un lado había árboles, rosales, jazmines, todo estaba rodeado de pasto y enredaderas que cubrían las paredes y aromatizaban el jardín, por el otro había lechuguillas, jojoba y una variedad de cactus que, con la débil iluminación daban cierta melancolía.

La cafetería cerró sus puertas, nadie se percató que ella seguía ensimismada en el jardín trasero. Se sentó en la banca de siempre, se sentía perturbada y con pocas fuerzas para entender lo que estaba sucediendo, la noche se cubría con su velo de incertidumbre, de entre las sombras se dibujó una silueta que se acercó tímidamente, como intentando no asustarla, pudo reconocerlo entre la negrura.
Su piel se erizó, por un instante la vaporosa cadencia de la muerte se esfumó de sus recuerdos, se rompieron los límites entre el pasado y el presente, sintió el dolor que abraza y se ahogó en sus lágrimas.

Horas más tarde, a las cuatro menos diez, acarició su rostro y se adentró en esa mirada oscura que a ella tanto le gustaba, suspiró su nombre mientras se hundía en un abrazo interminable ...

Este relato forma parte de; Los Jueves de Relatos, hoy coordinado por Dorotea
Una disculpa por el excedido de palabras, prometo que lo acorté lo más posible.

Una lágrima para recordar


Que se dará un tiro en la cabeza. Que se dejará caer desde el edificio más alto. Que tiene un montón de Valium en el botiquín y piensa tragarlas si lo deja. Que será un despojo sin cerebro o corazón. Que morirá sin ella, le dice.

La mujer no escucha sus amenazas, se da su tiempo y con suavidad firma la ratificación de su divorcio, no porque tenga dudas, quiere disfrutar ese momento de íntima libertad.

Ser mujer de medio siglo en México significaba que ella era de la época en que el machismo tenía mucha fuerza, por lo mismo debía existir en su educación el servilismo y sufrimiento.
Pero no estaba dispuesta a ser carne de sacrificio por lo que le restaba de vida.

Seis meses en el extranjero y todo el futuro para olvidar a su ex marido, sus malos tratos, los malos modos, la violencia de la que fue objeto.
Llegó a su casa e hizo dos maletas, puso en regla los papeles de ambas y llamó a su hija, ella venía con la esperanza de que su madre se hubiese arrepentido de seguir los trámite, quería una familia unidad, pero sabía en el fondo que eso jamás había sucedido.
Poco después, ambas estaban en un país extraño

Le costaba dormir sin sobresaltos, había vivido un pequeño infierno por tantos años que no lograba acostumbrarse a la serenidad que reinaba en su nuevo hogar, aún así se sentía feliz.
Contrario de ella, su hija se veía apagada ya no sonreía y se retraía, siempre estaba en su habitación sin hablar con nadie.

Después de un mes de lo que ella llamaba "vacaciones largas", esa mañana tocaron a su puerta y le dieron la noticia ... Su hija había sido agredida por considerarla extranjera. Curiosamente, quienes la atacaron fueron personas con ascendencia latina.

Aplastante noticia que terminó de golpe y para siempre con el mal recuerdo de su ex marido ...



Este relato forma parte de la dinámica de Los Jueves de Relatos, esta semana conducido por Divagaciones Nocturnas, con el tema Xenofobia.

Agua


La noche esconde sus sombras
debajo de las sábanas
donde dos cuerpos entrelazados
se invaden y se asfixian
sus lenguas desesperadas
se arrastran por el Ser
No hay amarres entre ellos
aún así, se sienten atados al deseo
saben que no pueden escapar.
Se guían, se empujan
avanzando con ímpetu al precipicio
viril la penetra su lanza
sus labios sedientos reciben el filo
el aliento se interrumpe
el agua inunda el paraíso
cuando los labios se derraman
empapando el acero
con su inmarcesible
orgásmica humedad.


Este proyecto pertenece a la propuesta de Ginebra Blonde.
Grandes detalles de esta hermosa mujer.
Gracias

Cierre de la dinámica

A estas alturas no me sorprende lo poco importante que resulta algún infortunio en nuestra vida.
Que se nos enrede el cabello, que caiga con descuido un mechón por nuestro rostro si con ello sentimos la brisa acariciando mejillas, cuello, manos y todo lo que quiera.

El tropezón que antaño ponía en nuestras mejillas el fuego y ahora deja sonrisas, las caídas ... nada se compara a la madurez que nos llega con el tiempo y el disfrute de la vida con todos sus matices.

Estamos hechos de claridad y bruma, de presencia y ausencia ... de melancolía, de soledad y algunos de su alma gemela.

De miedos, de enfados y alegría, de silencios incómodos, de indiscreciones y de todo lo que nos proporciona el día a día. 
Llevamos en el corazón cicatrices de un pasado pero también la poesía. 

Hoy no hago una reseña de todo lo que he leído en sus blogs porque me he quedado con algo fijo en la cabeza.

Todos y cada uno de nosotros sabemos lo que es vivir y vivir bien, con pequeños detalles pero con grandes momentos para disfrutar.
"Vive, pero Vive bien"


Seguimos en; Divagaciones Nocturnas.

Con el pie izquierdo


Ángeles estaba de visita en casa, éramos grandes amigas, a pesar de la diferencia de edad pues ella rondaba los veinticinco años y yo estaba en mis quince.

El tiempo pasó, alrededor de las ocho se escuchó un ruido atronador y se apagaron todas las luces, tanto las de casa como el alumbrado público, gran parte de la colonia se oscureció y es cuando percibimos que el día había acabado, la noche cerrada, la oscuridad casi total y los nervios de Ángeles de marcharse.

Mi madre, mis dos hermanas, Ángeles y yo nos encaminamos hacia su casa, el camino era conocido, la gente aparentemente también. Hasta ese momento mi madre para mí era mi fuerza de apoyo, como una heroína capaz de todo, casi llegando a nuestro destino vi al lado izquierdo a cuatro adolescentes.

Tuve una sensación extraña pero nadie me hizo caso, al pasar a cierta distancia solo había tres adolescentes, en ese momento sentí una palmada en el trasero e inmediatamente mi rostro se encendió, solo atiné a coger del brazo a mi madre, jovencita e inocente, no sabía qué hacer o qué decir.

Al dar la vuelta en la esquina pude balbucear ...
- ¡ Ése niño me pegó !
Mi madre se molestó, ¿cómo osaban tocar a su niña ...?, dejamos a Ángeles en su casa y nos dispusimos volver a la nuestra.
Yo quería tomar otro camino, aún tenía el rostro encendido de vergüenza, mi madre no lo permitió.

Mi madre decía, ¡ no tengas miedo !, no te harán nada, ¡ estoy aquí !.
[Recapitulemos, estabas aquí y no les importó ].
Fueron inútiles mis intentos de persuadirla y volvimos sobre nuestros pasos.

En el mismo punto, cuatro jovencitos, de repente tres y nuevamente la palmada, ahora en el otro lado y vuelta mi rostro a encenderse, los chicos salieron corriendo felices.

Aquel mal día se ha mantenido hasta hoy, al igual que la sensación de agresión e impotencia, ahora cuando salgo, siempre lo hago en auto, ¿de noche?, solo si es muy necesario.

Este relato pertenece a Los Jueves de Relatos, la cita; aquí