Expiación


Con el correr de los años sus pasos se habían vuelto lentos, aún así, cada tarde, con religiosidad llegaba a la cocina de su casa, preparaba una modesta merienda que consistía en tostadas y mermelada de frambuesa, vertía en un vaso  de cristal morado, un jugo que, con la tonalidad del vaso se observaba extraño.

Llevaba enredado en la mano derecha, un rosario de madera maltrecho por el paso de los años, arrastraba los pies los quince metros de patio, el balanceo de la charola en sus cansadas manos derramaba el jugo. Diez escalones hacia abajo lo dejaban frente a una puerta de madera robusta y de bisagras oxidadas, no había sido abierta en muchos años.

Hasta donde le permitía su artritis se inclinaba, soltaba el pasador, abría una pequeña rendija y esperaba pacientemente, hasta escuchar que del otro lado, unos pasos resignados se acercaban a la puerta.

_ ¡ Arrodíllate y empieza a orar ¡ (ordenaba)
_ Busca la respuesta en el silencio y el bullicio, en la luz y en la oscuridad. Él está siempre observándote.
Eleva tu mirada al cielo, traspasa las estrellas y la luna nacarada y llega al infinito, deja escapar tu lamento y tus lágrimas hasta que se apiade y venga por ti y te lleve al lado del alma de tu madre pecadora.

Posteriormente, empujaba la charola hacia el interior, cubría el rosario con su otra mano al tiempo que lo llevaba a su pecho y entre lágrimas, él también oraba, tratando de encontrar su perdida la calma.


Esta semana, Los jueves de relatos son coordinados por nuestra querida amiga, Magade Qamar, en su blog, La Trastienda del Pecado.
El tema a tratar es; Mirando al Cielo.

Ángel del abismo

Más allá de la frialdad que desprendía su abismal mirada y la firmeza que cimbraba con su caminar rotundo, quien la conocía sabía que era un espectro distante y observador.

Esa noche acudió al llamado, no era necesario conocer a la persona que tenía delante, ni sus gustos, ni sus deseos, mucho menos lo que pasaba por su asustadiza mente. Llegó como ráfaga helada descendiendo por su espalda, envolvió inmutable al desconocido, palpó con su fría mano el poco calor que quedaba en su pecho, al hacerlo, le provocó un estremecimiento que recorrió con rapidez su cuerpo, lo hizo darse cuenta que moriría solo, al tiempo que le advirtió del peligro.

El desconocido intentó alejarse, intentó retener el poco aliento que aún tenía mientras suplicaba por un poco más de tiempo.

El ángel del abismo se inclinó con lentitud hasta el moribundo, lo obligó a mirarla, lo  hizo penetrar el infinito, observar el sufrimiento de los espíritus atormentados, su calvario, el lugar al que estaba destinada su malvada alma.
El hombre suspiró en silencio, recordó sus manos ensangrentadas, resignado ... la acompañaba en esa travesía eterna.

⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹⇹

Esta semana, Juan Carlos nos conduce en; Los jueves de relatos.
.

Tan solo un hombre


A veces sueño con él, a media noche lo veo observando mi rostro, con su cuerpo al borde de la cama, su sonrisa espontánea, su mirada de hogar ... su pulgar entreabriendo mis labios, mi lengua caliente y dócil respondiendo a su tacto. 

A veces vuelvo a revivir sus espasmos humectando mi piel, el latido del corazón llevándome al precipicio, mientras escucho el grito mudo que agoniza en mis entrañas, allí, donde se inmola el abandono.

Queda poco de él en estas paredes desvencijadas, tan solo un hombre aferrándome al pasado y una parte de mí que aún vibra en su recuerdo.

Jueves de Relatos coordinado por Neogéminis




Volver

Alexey Slusar Pintor ucraniano

Volver en algún momento 
para descubrir nuevos recuerdos 
un rumbo nuevo 
distintos sitios 
una banca solitaria 
en algún parque lejano 
una casa 
un lugar 
un jardín
una mirada 
donde sembrar mis esperanzas. 
Volver cuando entierre la nostalgia 
de ti y el verano pasado
en un rincón 
donde la difumine el tiempo.


Esta semana nos coordina Inma Blanco con el tema; El final del verano, (la añoranza del verano que se fue).

Lazo eterno

Cada ser que alberga la tierra está impregnado con su destino, en algún momento de la vida descubrimos el lugar que ocupamos, tanto en nuestro propio espacio como también en el de nuestra pareja y entonces inicia el ritual, el cortejo, la promesa, la unión eterna.

Este texto pertenece a Los Jueves de Relatos, esta semana es dirigido por Juan Carlos, el tema es "El acto ceremonial", me decidí por La Ceremonia de las Rosas, un ritual que se celebra en la mística cultura BDSM que me apasiona.

Las paredes del recinto estaban cubiertas de ladrillo y de una pintura rojiza avejentada. Había antorchas sujetas por anillas a las paredes mostrando cierto aspecto ancestral.
Un par de amigos cercanos en puntos estratégicos y en medio de ellos, una mesa circular, un jarrón, un lienzo, un quemador de alcohol y una cadena de eslabones ligeros de dos metros de largo.

Ella estaba nerviosa, lo miraba con suavidad mientras caminaba de su mano, vestía de forma sencilla, un vestido blanco, largo y vaporoso que traslucía la armonía de su cuerpo, un collar de piel en su cuello y en su mano derecha portaba un botón de rosa blanca recién cortada, de tallo largo y con espinas.

Él al contrario, vestía de forma sofisticada un traje negro de tres piezas, camisa blanca y corbata roja haciendo juego con la rosa roja, abierta, de tallo largo y con espinas, recién cortada que sujetaba con su mano izquierda.

Antes de entrar al lugar, Él la miró con ternura, el temblor de ella se dejó sentir en su mano, un leve apretón de parte de él se percibió en la de ella. La pareja había decidido permanecer junta por el resto de su vida y más allá.

Con puntualidad dio inicio el ritual.

El silencio invadió el espacio mientras el deseo lo hacía con sus cuerpos. Se posicionaron uno frente al otro. Él retiró con delicadeza el collar que ella portaba en su cuello y lo pasó de forma rápida y precisa por el quemador de alcohol, llevándolo de nuevo al cuello de ella, mientras le hacía una declaración de protección y guía para toda la vida. Ella inclinó la mirada sin poder evitar el sonrojo en sus mejillas.

Él tomó la rosa roja y con una de sus espinas pinchó el dedo índice de ella, dejó caer en forma delicada dos gotas de sangre en el botón blanco.
Ella ofreció su rosa blanca y con una de sus espinas, él pinchó su propio dedo índice dejando caer en la rosa blanca una gota de su sangre y en la rosa roja una segunda gota.


Procedieron a unir sus dedos e hicieron sus votos para permanecer unidos por la sangre mientras, los testigos y amigos pasaron la cadena de forma rápida por la llama y envolvieron con ella a la pareja. Nuevamente, ambos hicieron sus votos, ésta vez para unir sus almas por toda la eternidad.
Al finalizar, unieron ambas rosas en forma de un beso y las llevaron al jarrón donde permanecieron unidas por lo que restaba de la ceremonia.
Los testigos retiraron la cadena y la envolvieron en el lienzo para conservarla durante el proceso.

Él tomó las rosas y las condujo al igual que a ella a la habitación donde unirían sus cuerpos.
El nuevo día dio inicio. La pareja se puso uno delante del otro mientras, fueron arrancando con delicadeza uno a uno los pétalos de ambas rosas, los guardaron en una cajita de madera que cuidarán por el resto de sus vidas.

La ceremonia de las Rosas había finalizado, ahora tendrían una vida en común y llegado el momento de su muerte, parte de los pétalos serian enterrados con sus cuerpos con la esperanza de una eternidad unidos.

Se dice que de un amor profundo durante sus vidas, la evidencia del amor eterno se da en forma de rosas que florecen en sus tumbas.